viernes, 30 de septiembre de 2011

5. Vientos de levante

"Vientos de levante" (Berlín, 2011)                              ® Mariana Domínguez Batis
Amsterdam-Berlín es un trayecto de 5h45min, por vías rápidas, equivalentes a 645km, según la todopoderosa guía Michelin que nos lleva, a falta de GPS, en una aventura en coche París-Roma. Complicaciones: nulas. No se reporta ninguna curva peligrosa como en los Alpes suizos...

            Acomodamos el equipaje por la mañana en el maletero del auto rentado. Tomamos carretera. "There's a fire starting in my heart", suena en la vibrante voz de Adele en la radio y la emoción de atravesar caminos también me invade. Todo marcha. Tanque lleno, hermosos paisajes. Conforme avanzamos, dejamos los molinos al filo del camino de los horizontes holandeses y admiramos uno más boscoso. Brenda duerme: la plática va sobre la infancia. Despierta. Duerme Daniela: hablo de mis alumnos y sus divertidas ocurrencias, algún día me preguntaron si era narcotraficante, porque era mexicana. Reímos. Todas despiertas: Fryne y Paulina cantan durante casi tres horas continuas, más versátil que la radio. Se detienen los autos; un tramo del camino en arreglo. Paramos cerca de dos horas. ¿Dónde está Berlín? Han pasado ya las casi seis horas de camino que señalaba la guía.

            Cae la noche. Al fin leemos "Berlín Centrum". Debe ser en esa dirección. Llegamos a un centro comercial y no al centro de la ciudad. Nadie sabe alemán. Intentamos regresar a la autopista, pero en vez de eso llegamos a una carretera vacía y oscura en medio de un bosque. Medianoche. El silencio impera. La segunda guerra mundial llega a nuestras mentes. Militares nazis marchando por esos mismos bosques. Escalofríos.

Después de otra hora de tensión, regresamos a la autopista. Tres carriles cerrados de cuatro. Sangre en el pavimento que sólo yo como conductora reparo. Respiro profundo, no lo comunico para evitar más nerviosismo. ¡Berlín al fin! No es victoria. Hay dos calles con el mismo nombre que la del hostal al que nos dirigimos. Las 2 de la mañana. Daniela practica su habilidad para comprender instrucciones en alemán con transeúntes y taxistas. Nos guiamos por El Fernsehturm, la emblemática antena de televisión de Berlín, que según nuestra memoria debe estar cerca del hostal. Funciona. A las 2:30am por fin llegamos a nuestro destino en Berlín del Este. Con reloj en mano, nuestro viaje de cinco horas cuarenta y cinco minutos se ha convertido en uno de catorce y la antena se vuelve para mí en una de las vistas más bellas de la ciudad...
4. Noctambulante

"Noctambulante" (Barcelona, 2011)                                         ® Mariana Domínguez Batis
Barcelona vive de día, pero palpita en la noche. Los colores de los edificios de su hijo adoptivo predilecto, Gaudí, reverberan con los rayos matinales, se queman con el atardecer y en la noche pareciera que intentaran escapar de entre el cemento y la argamasa para tomar vida, una vida escurridiza y fugaz. Los paseos nocturnos fueron siempre mis favoritos.

            Después de caminar durante el día por el Parque Güel, la Barceloneta, las Ramblas o el Passeig de Gracia, descansábamos un poco en el hostal y convivíamos un poco con nuestros compañeros de cuarto. Una chica neozelandesa nos platicaba con lágrimas que se le escapaban de los ojos sobre el terremoto que recién había azotado su país y matado a algunos de sus conocidos; su mejor amiga había vuelto a caminar después de dos semanas de estar postrada en cama.

            Llegada la noche, con pies descansados, comenzaba la caminata por la ciudad. Y apenas el inicio de la travesía, podía ser el destino final para mí. A escasas dos cuadras, atravesábamos la Plaza Catalunya, donde decenas de jóvenes cantaban, bailaban, bebían y discutían ardorosamente hasta el amanecer sobre el presente y el porvenir de la sociedad y la economía española, europea y mundial. Eran los indignados, integrantes del movimiento 15-M que habían tomado la plaza, disfrazado a las estatuas como mujeres del siglo XXI, colocádoles pancartas en las manos pétreas de demandas de justicia y comenzado un campamento para demandar empleo, educación y un cambio real en la política.

            Después de haber dejado Barcelona, nuevamente en la ciudad donde vivo, Béziers, me levanto esta mañana y leo en un portal de internet: "Parece una batalla campal. Han disparado bolas de goma contra las personas que estaban en el centro de Barcelona, indistintamente a 'indignados', simpatizantes o periodistas. Todo ha empezado cuando las personas que estaban en calles aledañas a la plaza Catalunya han entrado por la fuerza. Todos hemos empezado a correr. Vemos que hay mucha gente con heridas. La situación es muy caótica". La policía catalana pidió a los manifestantes que despejaran la plaza porque sería la final de la Champions y si el Barça le ganaba al Manchester, como al final ocurrió, la gente querría ir a celebrar, vistiendo a las estatuas con las playeras del equipo de futbol y despojándolas de sus pancartas de protesta.
3. Anfiteatro en custodia
"Anfiteatro en custodia" (Atenas, 2011)                                                                              ® Mariana Domínguez Batis






















En invierno, al llegar a Atenas, Eren y Valérie, mis compañeras de viaje, repararon inmediatamente en lo bien parecidos que eran los policías (más aún que los de Barcelona o los romanos, a decir de ambas). No sé la razón, pero yo más bien me fijé en los perros que los acompañaban: peludos, notoriamente obesos, con un aire permanente de flojera y siempre dormidos al lado de los agentes.

            Conforme pasábamos más tiempo en la ciudad y recorríamos sus calles, veíamos más y más perros, que en vez de ladridos, parecían emitir bostezos cuando abrían la boca. El colmo fue el can vigía del Partenón, plácidamente dormido sobre el césped, a la sombra del monumento, cuya figura amorfa aparecía en todas las fotos de los turistas que visitaban la construcción.

            Por la noche del último día, emprendimos con Dimitris, nuestro anfitrión, una nueva caminata hacia la Acrópolis (ya la habíamos visitado dos veces, pero no nos cansábamos de verla). Ya de bajada, por el camino menos transitado y más agreste (¿en qué momento le conté al griego que había entrado al club de senderistas?), nos topamos con el anfiteatro. Los tres días que habíamos pasado en Atenas había estado cerrado y nos entristecimos porque no tendríamos oportunidad de verlo.

            "No pasa nada. Síganme", nos dijo Dimitris, al tiempo que caminaba. Sin pensarlo, fuimos detrás de él, hasta que clandestinamente nos encontramos dentro del monumento. Yo estaba en lo más alto de las gradas, mientras que nuestro guía me explicaba, a susurros desde el escenario, lo impresionante de la arquitectura griega, pues el anfiteatro estaba diseñado para que desde cualquier parte del público, se escuchara a la perfección la voz de los actores, por más que cuchichearan.

            Seguíamos con el experimento, cuando escuché un grito en griego. Espantada, salí corriendo hacia la calle, saltando torpemente bardas y tropezando con piedras. Ya desde fuera, vi en el anfiteatro un guardia enojado, que vociferaba y a su lado, un feroz perro guardián, que roncaba a pieran suelta.
2. Desde la Acrópolis

"Desde la Acrópolis" (Atenas, 2011)                                                                                                        ® Mariana Domínguez Batis



En agradecimiento a nuestro anfitrión, el griego Dimitris Lambros, una noche nevada de invierno, Valérie, Eren y yo decidimos preparar una "cena mexicana". Afortunadamente, entre mis escasos conocimientos culinarios se encuentra la preparación de tortillas de harina. Así que, con quince euros en mano y las palabras τυρί (queso), αβοκάντο (aguacate), κρεμμύδι (cebolla), harina (αλεύρι) y ντομάτα (tomate) en una libretita, hicimos las compras (pues casi nadie habla inglés y mucho menos español o francés) y más tarde preparamos quesadillas con guacamole (platillo que nos había hecho famosas entre en Lisboa un mes atrás).

          Con el manjar en la mesa y tres mexicanas orgullosas, Dimistris untó una quesadilla con la pasta de aguacate. Expectante, le pregunté qué le parecía y su respuesta fue tan sencilla como: "pues, me gusta mucho, es muy sabroso, pero se parece demasiado a nuestros souvlakis".

            Después de esta respuesta y de pasar cuatro días en Grecia, comencé a pensar en las semejanzas entre Atenas y la ciudad de México. Mis cavilaciones se resumen en estos puntos:

1. En el D.F., amamos los tacos y el tequila. En Atenas, aman los souvlakis (tacos con pan pita, rellenos de distintos tipos de carne) y el ouzo.
2. Ambas ciudades fueron cuna de importantes civilizaciones de conquistadores: Atenas, de la civilización griega y la ciudad de México, de la azteca.
3. Actualmente, en ellas conviven modernas y antiquísimas construcciones. La pirámide americana más antigua, Cuicuilco, se encuentra en medio de la aglomeración de la ciudad de México; mientras que desde la mismísima Acrópolis se contempla la actual capital griega.
4. La ciudad de México y Atenas nacieron, crecieron y se reprodujeron entre montañas.
5. Por desfortuna, las dos ciudades son de las más contaminadas del mundo; el tráfico es parte de su vida cotidiana, y miles y miles de inmuebles dominan su horizonte.
6. Tanto los atenienses como los chilangos somos ruidosos y fiesteros, aunque ellos rompan platos de felicidad y nosotros no.

Al final, como le dije a Dimitris aquella noche: al igual que las ciudades, un taco es un taco y un souvlaki es un souvlaki, porque aunque parecidos, cada uno tiene lo suyo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Hoy se inaugurará la "Sucré ou salé / ¿Dulce o salado?" a las 6:oopm en la Alianza Francesa de San Ángel, con la presencia de los nuevos asistentes de francés en México. Mañana subiré todas las crónicas y las fotografías de la exposición para quien no haya podido asistir. Mariana.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

En el montaje de Sucré ou salé? ¿Dulce o salado?, exposición de foto-crónica que se inaugurará mañana, 29 de septiembre de 2011, en la sala de exposiciones de la Alianza Francesa de San Ángel, a las 18:00 horas. ¡Los esperamos!

Montando las crónicas

Montaje

Karina Centeno y Mariana Domínguez
en la distribución de crónicas
El montaje del señor Guillermo

Midiendo...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

1. Orgullo cátaro

"Orgullo cátaro" (Béziers, 2010)                                                                                                        ® Mariana Domínguez Batis 





















En el tren de Montpellier a Béziers, durante mi primer día en Francia, un joven pasajero me ayudó a subir mi equipaje de 23kg (los reglamentarios de Air France) al maletero. Unos minutos más tarde, iniciamos una conversación incidental:


-¿De dónde vienes?
-Soy mexicana; de México.
-Uhm, sólo he ido a Colombia, conozco bien. He visto mucho sobre México por internet, quiero ir un día pero a la ciudad, ¿es bella?
-Lo es.
-¿Tienes fotos?


Le muestro algunas fotografías en mi cámara y se maravilla con los colores de un mercado: las sandías, guayabas, papayas...


-¿A qué te dedicas?-- le pregunto, él voltea a ver nerviosamente hacia todos lados y, con lentitud, saca de su cangurera un pequeño paquete, una masa verdusca de hachís   envuelta en papel celofán.
-Tres novias me han dejado por esto, tienen miedo, yo no lo tengo. No lo tengo, si mañana me matan, era mi destino. Por cierto--, continúa con ligereza-- tienes una belleza inusual, ¿quieres quedarte en Francia, casarte conmigo y tener hijos?


Después de mi cortés y rotunda negativa pasamos dos minutos en silencio. La siguiente parada es Béziers, la ciudad en la que viviré. Nos despedimos calmadamente. No dejo de pensar si su confesión respondió a mi nacionalidad y si este extraño episodio se lo debo a Calderón y a su ya conocida "guerra contra el narcotráfico", entre otras cosas.


En eso pienso ensimismada cuando miro hacia la ventana y quedo maravillada con una imponente catedral en lo alto de una montaña, la catedral cátara que ha sido testigo por siglos de la historia de la ciudad.