8. Rocío de Belem
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| "Rocío de Belem" (Lisboa, 2011) ® Mariana Domínguez Batis |
"Mariana, tú sí que
eres culta. No es posible, hablas español, inglés, francés, un poco de chino y mecsicano", me dice con seriedad Pablo,
uno de mis alumnos más pequeños y estudiosos. Le explico que no existe el
idioma mexicano y que el español que hablamos en México es el mismo que en
España o que en Argentina, sólo con algunas variaciones dialectales, al igual
que el francés hablado en Francia, Argelia o Québec. Le pido que repita
"mexicano", y cuando lo consigue se siente orgulloso, sensación
similar a la que me invade cuando logro pronunciar la "r" gutural
francesa.
Por la tarde, veo a Eren en Perpiñán para salir hacia
Lisboa y encontrarnos con Rocío. Con el cambio de país, cambia también nuestro
apodo: en Francia nos llaman "las mecsicanas"; para los italianos
somos las "messicanas" y ahora, en Portugal, se refieren a nosotras
como "las meshicanas", no varía mucho, pero el acento y la fonética
le dan su encanto a cada uno.
En Lisboa, decidimos comprobar con nuestros anfitriones que
el español y el portugués son las más parecidas de las lenguas romance y
acordamos hablar cada quien en su propio idioma. Nos sorprendemos por la
facilidad con la que comprendemos su portugués y ellos nuestro español, sin
tener más que las nociones básicas del libro de Eren "Portugais pour les
nuls!" ("Portugués para tontos"). Conforme pasan los días y
hablamos más, surge en la atmósfera una nueva mezcla y comenzamos a platicar en
portuñol.
En uno de los paseos por la ciudad, Gonzalo, nuestro
guía, nos cuenta la historia de la Torre de Belem, construída en 1515 como una
fortaleza para proteger al puerto y ser un referente para los navegantes
portugueses que regresaban de sus expediciones hacia las Indias, África, Asia o
América. En aquel tiempo el monumento estaba en tierra, pero con el paso de los
siglos y el aumento de la marea, ahora se encuentra en pleno mar.
Admirando la construcción, imagino una escena ficticia cinco
siglos atrás, en la que conquistadores españoles presumen a los portugueses --en
portuñol, claro está-- su más reciente descubrimiento: una ciudad construida
por completo sobre agua, llamada por sus habitantes
"Mexico-Tenochtitlan", aunque pronunciada en lengua nativa como
"Meshico-Tenochtitlan", que por decreto de la corona ibérica sería
pronunciada y escrita en adelante como "Méjico-Tenochtilan".

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