viernes, 30 de septiembre de 2011

8. Rocío de Belem

"Rocío de Belem" (Lisboa, 2011)                                                  ® Mariana Domínguez Batis


"Mariana, tú sí que eres culta. No es posible, hablas español, inglés, francés, un poco de chino y mecsicano", me dice con seriedad Pablo, uno de mis alumnos más pequeños y estudiosos. Le explico que no existe el idioma mexicano y que el español que hablamos en México es el mismo que en España o que en Argentina, sólo con algunas variaciones dialectales, al igual que el francés hablado en Francia, Argelia o Québec. Le pido que repita "mexicano", y cuando lo consigue se siente orgulloso, sensación similar a la que me invade cuando logro pronunciar la "r" gutural francesa.

            Por la tarde, veo a Eren en Perpiñán para salir hacia Lisboa y encontrarnos con Rocío. Con el cambio de país, cambia también nuestro apodo: en Francia nos llaman "las mecsicanas"; para los italianos somos las "messicanas" y ahora, en Portugal, se refieren a nosotras como "las meshicanas", no varía mucho, pero el acento y la fonética le dan su encanto a cada uno.

            En Lisboa, decidimos comprobar con nuestros anfitriones que el español y el portugués son las más parecidas de las lenguas romance y acordamos hablar cada quien en su propio idioma. Nos sorprendemos por la facilidad con la que comprendemos su portugués y ellos nuestro español, sin tener más que las nociones básicas del libro de Eren "Portugais pour les nuls!" ("Portugués para tontos"). Conforme pasan los días y hablamos más, surge en la atmósfera una nueva mezcla y comenzamos a platicar en portuñol.

            En uno de los paseos por la ciudad, Gonzalo, nuestro guía, nos cuenta la historia de la Torre de Belem, construída en 1515 como una fortaleza para proteger al puerto y ser un referente para los navegantes portugueses que regresaban de sus expediciones hacia las Indias, África, Asia o América. En aquel tiempo el monumento estaba en tierra, pero con el paso de los siglos y el aumento de la marea, ahora se encuentra en pleno mar.

            Admirando la construcción, imagino una escena ficticia cinco siglos atrás, en la que conquistadores españoles presumen a los portugueses --en portuñol, claro está-- su más reciente descubrimiento: una ciudad construida por completo sobre agua, llamada por sus habitantes "Mexico-Tenochtitlan", aunque pronunciada en lengua nativa como "Meshico-Tenochtitlan", que por decreto de la corona ibérica sería pronunciada y escrita en adelante como "Méjico-Tenochtilan".


No hay comentarios:

Publicar un comentario